Casi nadie sabe qué le falta a su proceso hasta que estalla a mitad de camino. Esto lo pone por escrito antes de convocar a nadie.
Un proceso participativo casi nunca se cae por donde miras. Se cae por el punto que no habías mirado, y que nadie te obligó a mirar.
No sabes si tu proceso tiene huecos hasta que estallan a mitad de camino.
Y cuando estallan ya has gastado la convocatoria, el presupuesto y la paciencia de la gente. El coste de descubrir un hueco crece con el calendario.
Vinieron todos, así que la participación fue un éxito.
La legitimidad de un proceso de inteligencia colectiva situada viene de su apertura, no de su representatividad. Contar cabezas mide otra cosa.
Empiezas cada proceso desde cero, con una plantilla genérica que no encaja con tu territorio.
Las plantillas se rellenan solas y por eso no sirven: producen un documento coherente sobre un territorio que nadie ha mirado.
Una sesión conducida, no un formulario. La IA recorre contigo los doce puntos del arranque, empezando por los que tú ves más flojos, y no te entrega nada hasta que hayáis trabajado de verdad.
Territorio, promotor, problema y punto actual. Sin eso no hay diagnóstico posible y la herramienta se niega a seguir. Es la primera compuerta y es deliberada.
Un punto cada vez, una sola pregunta por turno. Al cerrar cada punto pregunta algo que no parece técnico: qué sientes del territorio que aún no has puesto en palabras. Eso entra en el diagnóstico.
Ordena lo que falta por prioridad, señala el punto que si se cae arrastra a los demás, y para cada hueco formula la siguiente pregunta. Nunca la respuesta.
Un dashboard de una página con los doce puntos, su estado y, para cada hueco, la siguiente pregunta que deberías resolver. No la respuesta: la pregunta.
Gobernanza: ¿quién decide si las tres AMPA no se ponen de acuerdo, y lo ha dicho delante de las tres?
Inclusión: ¿quién no puede venir a las 17:00, y qué segundo formato harías para esas familias?
Recursos: ¿quién tiene competencia y partida para ejecutar, y has hablado ya con esa persona?
Los doce puntos y los cuatro estados, completos. Es el objeto A1 del curso. En la portada solo se enseña el recuento de huecos; aquí está el objeto entero.
Si no le das un dato, no lo rellena con algo verosímil: lo marca en rojo. Un dashboard de datos plausibles pero falsos es el fracaso de esta herramienta, no su éxito.
Un proceso que arranca puntúa bajo, y está bien. Los procesos maduros no puntúan alto: puntúan honesto. Si te sale casi todo verde, sospecha de tus propias respuestas.
La IA propone a partir de lo que le cuentas; si discrepas, lo ajusta. Estructura y pregunta, no dictamina.
El diagnóstico no vale nada como documento. Vale como agenda: si el hueco es la gobernanza, la conversación es con quien cree que decide. Esta semana.
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